miércoles 23 de diciembre de 2009

EL METRO LLANO


Una joyita para mi blog:

Correr expone a la máquina humana, apela a la perfección física. Durante gran parte de mi vida admiré a aquellos hombres que sometían su cuerpo al dominio de la mente, a esos chasquis robóticos que se debatían entre la gloria y el fracaso en los míseros segundos de los cien metros llanos. Sin embargo, esa admiración decayó, o para ser más justo, trocó por la observación maravillada de otro tipo de corredores. Hoy mis coberturas periodísticas son crónicas esclavas de las acciones etéreas de los competidores de una nueva forma de carrera: el metro llano.
La comunidad científica, aburrida de infinitas hipótesis, de incertidumbres cuánticas y de roces metafísicos, ha encontrado un nuevo desafío que desempolva a los adormecidos espíritus comtianos y sorprende al mundo del deporte.
Organizada por la Academia Mundial de Ciencias, la primera carrera resultó devastadora, nadie pronosticó una competencia tan exigente, que llevara al límite a la constitución corporal y mental. No hay registros históricos que relaten justa similar, no existió carrera tan épica, ni siquiera aquella que drenó la vida del mítico soldado que corrió luego de la batalla de Maratón.
Fracasaron los atletas olímpicos y los deportistas profesionales, tampoco permanecieron mucho en carrera los corredores innatos de África. Ni hablar de aquellos que se inscribieron a la competencia con ánimos jocosos: abandonaron al poco tiempo, arrepentidos y apenas a salvo, con las fuerzas mínimas como para salir de la pista.
Al principio, este humilde periodista también consideró que la competencia solo representaba un galope hacia el absurdo. Las reglas serían las mismas que las utilizadas en las carreras de cien metros llanos, pero contendrían algunas variantes que, combinadas con la ignorancia del mundillo de la prensa, estimularon los humores más biliosos de los periodistas especializados:
1) El orden de llegada funcionaría en orden inverso, es decir, el ganador sería aquel que llegara último o que más se resistiera a llegar a la meta.
2) Ningún competidor podría permanecer inmóvil.
3) Ningún competidor podría dejar de avanzar.
4) La extensión de la carrera sería de un (1) metro llano, o un millón (1.000.000) de micrones y se posibilitaría la participación de cien corredores (la pista tendría cien carriles de ancho)
Me transformé en testigo de aquella organización más por un ánimo perverso y corrupto que por curiosidad profesional. Deseaba saborear el momento en el que las inmaculadas investiduras de los científicos más prestigiosos del mundo acusaran las manchas imborrables del ridículo. Por supuesto, mi esperanza maligna nunca fue satisfecha.
Las tribunas del estadio se tupieron de burlones y buitres de la risa que, como yo, creyeron asistir a un espectáculo circense. La pista parecía una senda peatonal con cien franjas; y la meta, una línea metalizada que desde las gradas se confundía con la otra línea, la de largada. Alrededor de la pista, los científicos, jueces y auditores, manipulaban decenas de alambiques tecnológicos, computadoras con microprocesadores expuestos y de apariencia futurista, instrumentos de medición digital y microscopios de última generación.
Cuando el inicio de la carrera fue inminente nuestras risas y burlas se desinflaron. La imagen ridícula que habíamos construido en nuestras mentes se desdibujó, tachonada por los trazos de perfección positivista que mostraban los organizadores. Los movimientos previos a la carrera ya tenían presos a todos los asistentes. Lo aceptamos sin decir una palabra, ya no existía sorna, nos equivocamos y estábamos entregados, por completo, a la admiración de un hecho extraordinario, una maravilla inusitada en el mundo del deporte.
Los periodistas fuimos afortunados, nuestras credenciales nos permitieron el acceso a sectores preferenciales y desde allí pudimos tomar nota de los ejercicios previos de los competidores. Algunos oraban, otros parecían dormidos. Los corredores profesionales hacían sus calentamientos de rutina y los bromistas inscriptos junto a los que habían llegado seducidos por la cuantiosa suma del premio, disfrutaban de un enorme asado de achuras a las brasas, cuya humareda, nociva para las herramientas técnicas, despertó la furia de los organizadores.
Al momento de la partida, los cien corredores se acomodaron y sus contornos paralelos formaron la figura ideal de un solo hombre. Los jueces alistaron sus relojes, los científicos coordinaron acciones y prepararon los instrumentos. El público, invadido por la curiosidad, bramaba esperando algún estímulo novedoso para sus sensaciones. Tras una pequeña cuenta de tres sonó el disparo inicial. El silencio de las tribunas y la aparente inmovilidad de los corredores extendieron el eco del disparo. A los treinta segundos de carrera se produjeron nueve descalificaciones por quietud, los instrumentos de medición resultaron de una claridad rigurosa y cruel.
Nunca, en mi larga vida como cronista deportivo, asistí a una competencia seguida tan de cerca. Desde las tribunas, los espectadores se intercambiaban lentes, binoculares y monóculos. Todo parecía en la inmovilidad absoluta, el avance de la aguja pequeña de cualquier reloj resultaba un bólido ante la lentitud voluntaria de aquellos gladiadores de piedra.
Los burlones y buscadores de fortuna solo resistieron un par de horas, algunos cayeron cerca de la meta, exhaustos e inmóviles y fueron descalificados por quietud. Otros, mas obtusos, fueron expulsados cuando los jueces detectaron sutiles pero vanas maniobras de retroceso.
Luego del primer día, los conversos, con actitud respetuosa, comenzamos a informarnos respecto de los mecanismos de medición. Efectuamos entrevistas a los científicos organizadores y comprendimos la naturaleza heroica y sobrehumana de los competidores. Accedimos a cálculos primarios en los que se proyectaban unos sesenta y seis días totales de carrera, quienes comprendimos el verdadero tenor de aquella epopeya del autocontrol organizamos nuestra agenda para asistir a la pista durante todas las jornadas de competencia. Solo en el paso de un día hacia otro era posible percibir a simple vista (aunque con mucho esfuerzo) el avance de los corredores.
Lógicamente, las tribunas se vaciaron rápidamente. Luego de dos semanas, en el estadio solo quedamos los periodistas, los científicos y los corredores. Ocasionalmente se acercaban curiosos que intentaban comprender el espectáculo, pero debido a la indiferencia de los científicos y la tacañería profesional de los periodistas, se retiraban completamente decepcionados y, tal vez, en búsqueda de alguna actividad de apariencia mas dinámica. Pasados los dos meses de carrera solo quedaban nueve corredores y nuestros corazones latían más lentos, pero cada sístole y diástole nos provocaba la vibración de un timbal salvaje en el pecho.
Debo adelantar que de los cien corredores, solo tres competidores traspasaron la meta, treinta y tres fueron descalificados por quietud y doce perecieron en la pista, víctimas de la destrucción física y la derrota mental. Los cincuenta y dos restantes abandonaron en distintas instancias de la competencia.
Debido a las polémicas muertes y al desgaste físico de los competidores (que eran alimentados por medio de inyectables) se conformaron grupos de protesta, guiados por antitaurinos espoleados de frustración y dirigentes expulsados a trompadas de la liga pro-abolición del boxeo. Las manifestaciones no pasaron de un par de escaramuzas callejeras en las puertas del estadio ya que las muestras de tesón y voluntad de los que se mantenían en la pista arrasaron con la retórica de los protestantes y los empujaron a la curiosidad. Los grupos no se difuminaron, pero mutaron en conjuntos de observadores críticos que seguían las instancias de la competencia con el mismo fanatismo que los demás asistentes.
Pasados los tres meses, y cuando solo restaban recorrer veintitrés mil micrones del millón que conformaban la pista, uno de los últimos cuatro competidores, Sir. Anthony Burks, abandonó por propia voluntad. Burks había arrancado la carrera con un peso de ciento setenta y siete kilos, y debido a un desempeño brillante en la severa competencia, su cuerpo consumió los recursos sobrantes y lo transformó en un gelatinoso y delgado hombre de sesenta y dos escasos kilos. En el mismo instante en el que dejó la pista, una sombra de pena le oscureció la mirada y la voz. No disimulaba el llanto y pese a los consuelos de todos los que asistimos a su derrota, Burks regresó a su Inglaterra natal envuelto en una depresión asesina. En menos de un año recuperó su peso y, poco tiempo después, murió a causa de un infarto masivo, tras un atracón de suflés de manzana.
Todos lo vimos, el competidor inglés se distrajo por el aroma proveniente de una manzana acaramelada. Recuerdo cuando Burks giró su cabeza y por brevísimos instantes dejó en libertad a su cuerpo. La distracción resultó fatal, se adelantó cuatro milímetros y quedó alejado del resto, solo ante la meta, a cuatro mil micrones de distancia del resto, una distancia enorme e irrecuperable. Hasta aquel día todos pensábamos que el inglés tenía el potencial mental necesario para llegar al oro, pero aquel desliz lo bajó de la grilla de candidatos. El obeso siniestro, oculto en algún rincón de su nuevo físico, lo traicionó con una zancadilla rastrera.
Aunque Burks no ocupó un lugar en el podio, me veo en la necesidad ética de relatar su participación, pues mas allá de su muerte, creo, en común opinión con el entorno periodístico, que fue el competidor que representó con mayor fidelidad a las potencialidades y debilidades humanas. Descansa en paz Burks y ojala que en tu reposo final hayas digerido el resabio venenoso de las manzanas.
El tercer lugar fue obtenido por un científico alemán que sorprendió a los espectadores. Su profundización única en el campo de la botánica lo había dotado de comportamientos y recursos que sobrevolaban lo inexplicable. Hanss T. Lobumm se desplazaba como un perfecto vegetal y en sus preparativos previos a la carrera había exigido, como únicos alimentos inyectables, agua y un preparado a base de extractos de salvias vegetales proveniente de su laboratorio. Para su decepción el preparado funcionó demasiado bien, pero sus cálculos fueron erróneos. La carrera se extendió demasiado y Lobumm se vio sorprendido por la primavera. Desde el 21 de septiembre, su componente vegetal tomó fuerzas inusitadas y su voluntad cedió. El preparado vegetal lo impulsaba, le renovaba las energías y en los días soleados el alemán parecía realizar esfuerzos gigantescos para no extender los brazos hasta la meta. Fue demasiado, la primavera atentó contra su promedio de velocidad y lo arrojó hacia el final. Al traspasar la meta no hizo declaraciones, solo pidió agua, mucha agua, y se sentó a esperar el desenlace final de la carrera. Se llevó la preciada medalla de cobre.
La contienda final fue un derrame meloso y espeso de euforia, una lágrima caracoleana. El vencido fue el italiano Vicenzo Gamba, quien luego de una gloriosa demostración de resistencia fue el penúltimo en cruzar la meta. Cuando los periodistas lo abordamos, casi ahogado por un llanto de emoción, nos aseguró que en muchas ocasiones estuvo a punto de retractarse, de abandonar la lucha, sin embargo, el fruto mas destacado de su árbol genealógico lo inspiró a seguir. Antes de sentarse a descansar miró hacia atrás y permaneció unos segundos observando al último competidor, al único que quedaba en la pista. En un gesto de humildad suprema se volvió a los periodistas, señaló a quien lo había derrotado y expresó: "Eppur si muove". Vicenzo Gamba recibió la medalla de Plata y fue condecorado por el senado italiano.
Por fin, luego de una tensión alienante y tras 115 días, 17 horas, 46 minutos, 40 segundos, 90 centésimas y 77 milésimas de carrera, el ganador cruzó la meta. El hombre mas lento del planeta, según la Academia Mundial de Ciencias, fue el mexicano Juancho “tardo” Ramírez, un hombre de contextura estrecha, que apenas coordinaba algunas frases sueltas.
El triunfador no parecía disfrutar de la gloria. Se hizo del gigantesco premio monetario ofrecido por la Academia y desapareció para siempre. No cedió a pedidos de la prensa ni a solicitudes científicas, tomó su cheque, posó para las fotos y caminando, al ritmo más vertiginoso desde el inicio de la carrera, se alejó del estadio. Todos recordamos su cara demacrada, su piel resquebrajada por el clima y sus miembros esqueléticos. Antes de fugarse del mundo, el mexicano Juancho “tardo” Ramírez, ganador de la primera carrera del “metro llano”, levantó su medalla dorada y solo emitió una frase para la prensa “La meta es como el ocaso, un agujero espantoso que nos atrae, y que tarde o temprano nos traga… como la ballena a Jonás”.
Al día de hoy parece imposible acceder al paradero de Ramírez, nadie sabe donde se oculta, no hay datos respecto de su ubicación. Su madre, Doña Ana Ramírez, entrevistada en Nogueras, pueblo nativo del “tardo”, no colaboró demasiado con la información, solo aseguro que Juancho era un hombre feliz, que disfrutaba cada instante de existencia. Cuando se la interrogó acerca del modo de vida de su hijo, doña Ana dejó escapar una sonrisa milenaria y antes de encerrarse en su casa solo dijo “Juanchito no fue hecho para este mundo sin siestas, siempre fue muy perezoso”
Los instrumentos de medición indicaron que Ramírez se desplazó a la asombrosa velocidad de seis micrones por minuto o, para los técnicos más exigentes, a un angstromio por segundo.
Luego del éxito de la primera carrera, los seguidores del metro llano se han multiplicado geométricamente. Somos un público heterogéneo compuesto por científicos, investigadores, deportistas de todo tipo, oscurantistas, curiosos, periodistas, escapistas, magos, religiosos diversos y muchos aficionados más a los cuales no sería tan simple de agrupar con un solo calificativo.
Hasta hace un tiempo nadie lo dudaba, el “tardo” Ramírez era el hombre más lento del planeta, pero con esta nueva edición, tras cuatro años de preparativos, todos esperamos un nuevo record mundial. Ninguno de los competidores anteriores figura inscripto en esta edición, según los ex – corredores, el desgaste corporal y mental que produce la participación en el metro llano requiere media vida de recuperación.
El millón de micrones será recorrido nuevamente, los cuerpos de apariencia inmóvil avanzarán, ahora con más técnica y preparación, la fiesta deportiva comenzará en unos días. El mundo del deporte acude maravillado a un estadio remodelado con la pista colorida y rodeada de nuevos elementos de medición, instrumentos con precisión más aceitada y capacidad de medición a nivel atómico. La Academia Mundial de Ciencias ha recibido apoyos económicos cuantiosos y los medios ya no están ausentes en el evento, incluso se ha pergeñado un canal de televisión con cobertura permanente de la carrera.
Un pequeño temor revoletea entre las meninges de los científicos organizadores, está relacionado a la imposibilidad de calcular la duración de la competencia, pues si las técnicas de ralentización humana han progresado, tal vez la justa llegue a su final tras varios años de competencia. Posiblemente, el lapso de cuatro años entre carrera y carrera deba ser derogado.
Como periodista, estoy dispuesto a dejar de lado la cobertura de otros eventos deportivos. Ya no me enfervorizan las dinámicas de balones y músculos, ahora solo espero el momento culminante, cuando estalle el disparo de largada y el silencio pétreo eleve al centro de atención a los titanes de la engañosa inmovilidad.

Mariano Pereyra Esteban

PREMIO "JUAN RULFO"


Sí. Digo que fue una VERY INTELLIGENT DETERMINATION por parte " Radio Francia, Le monde diplomatique, El Instituto Cervantes y no sé cuantas instituciones más. (este es el link: http://www.rfi.fr/actues/pages/001/page_81.asp) -sic-":



"Argentina y Colombia galardonadas

Los ganadores de esta edición son Mariano Pereyra Esteban (Argentina), con su cuento “El metro llano” y Adolfo Ariza Navarro (Colombia) por su novela corta “Mañana, cuando encuentren mi cadáver”. El premio de fotografía Unión latina-Martín Chambi es otorgado ex æquo a los españoles Javier Arcenillas por la serie “Head workers” y a Emilio Muñoz Blanco por la serie “Cities”."

Tomado de la página de referencia


Pablo Pinto = Mariano Pereyra Esteban. Sí, sí, el mismísimo de vahídos.


Permítanme que comparta con ustedes esta caricia que me brindó Pablo cuando me lo comunicó antes de viajar a Francia para recibir su premio.


¿Ya regresaste de París, Pablo? ¿Fue con vino...?

Asomate, por favor. Todos queremos acompañarte en este logro.


miércoles 16 de diciembre de 2009

LA INSOPORTABLE FRIVOLIDAD DEL SER


Son palabras de Jorge Majfud, un comentarista que me parece discutible en sus afirmaciones:


"La fama ya no es la consecuencia o el medio para promover una propuesta artística, ideológica, religiosa o filosófica. Cualquier camino que conduce a ella es válido. Ya no es necesario ser Edison, la Madre Teresa, Michel Foucault, Noam Chomsky o Eduardo Galeano para ser famoso. Los verdaderos famosos han demostrado que para la cultura pooph la fama no depende del contenido sino del envase. Un envase célebre puede inducirnos a tomar el mejor vino o Coca-Cola, agua mineral o aguas servidas. Ya ni siquiera es necesario recurrir al engaño. El éxito de la cultura de la banalidad es tanto y tan abrumador que cualquier pretensión de algo más allá, algo con contenido, algo con profundidad, algo que quede después del pooph es tomado como el acto más ridículo, objeto de burla a boca partida. Lo políticamente correcto, lo único que los nuevos cerebros adiestrados en la frivolidad son capaces de soportar es el peso de la banalidad, de la repetición en nombre de la originalidad, de la esclavitud intelectual y espiritual en nombre de la liberación, de las célebres excusas del tipo: “no sé qué es esto pooph que me salió, pero es muy bueno por que me gusta, es lindo, habla de cómo soy yo, yo mismo, yo único…”

Todo en nombre de la genialidad

La catástrofe ecológica, las toneladas de basura que cada día arrojamos al cielo y a los mares no es un fenómeno aislado. Ni siquiera es una metáfora. Es parte de la erosión y la producción de desechos que la cultura resultante e imperante arroja cada día sobre la humanidad como si se tratase del mejor abono. Porque nada es casual ni gratuito. Todo tiene un precio."


Me pregunto qué es lo que pueden/mos hacer quienes pensamos las expresiones literarias desde otro lugar. Este blog es mi granito de arena. Reitero mi agradecimiento a seguidores y comentaristas. Si en este momento me pidieran que me definiera utilizando un libro, lo haría mediante "Una hoja en la tormenta"

viernes 11 de diciembre de 2009

DIGITAL


En la entrada “Un punto que no llegamos a tocar”, Carlos dijo:

“Y que en estos momentos son muchas personas, empresas y agencias de publicidad las que se preguntan cómo llegar a las personas con sus mensajes y marcas.Pero tal vez puedo sugerir, que la consigna que nos propone Cristina tiene que ver definitivamente con la estrategia y la elección de un público. La saga de Crepúsculo narra las aventuras juveniles de amor entre una humana y un vampiro. Muestra todos los conflictos entre padre-hijo. En definitiva, lo que viven los jóvenes diariamente. Así que al igual que Harry Potter, este tipo de literatura toca temas sencillos que se identifican fácilmente en sus lectores. Y hace propensos al éxito desde que se gestan. Hace un par de años leía un artículo en la versión de internet de un periódico, donde informaban que con las millonarias ganancias de los libros de Harry Potter las editoriales se financiaban para publicar a los autores más serios, estructurados y elaborados. ¿Acaso una buena literatura será sacrificada para dar paso a una más popular? Si fuera así ¿entonces la buena literatura sólo se podrá encontrar en los medios digitales como los blog donde los autores pueden publicar gratis? ¿Cuál será la mejor estrategia para despertar en la juventud el gusto por una lectura reveladora?”

El destacado es mío. De allí desprendo:


- Buena literatura/literatura popular.
¿Es realmente una dicotomía? Existen tantas “definiciones” para “literatura” como corrientes de pensamiento. Pienso, y es sólo una posición personal frente al tema desde mi lugar de lectora, que, más que ahondar en la conceptualización de ese término, podríamos revisar el para qué sirve la literatura. Una expresión que leí en algún lugar lo sintetizaría: “los escritores son verdaderos sanadores…” ¿Será porque abordan los eternos tópicos que ontológicamente nos están inquietando? Entonces ¿qué es buena literatura y qué literatura popular? Aquí volvemos a una cuestión que dejé abierta por allí: la existencia “en el mercado” de escritores y de personas que escriben.
Las instituciones educativas formales no universitarias se constituyen en pilar casi excluyente en la formación de lectores. Si revisamos la oferta editorial para esas entidades podremos comprender porqué se lee lo que se lee en soporte papel. América Latina es paradigmática en esta cuestión que por cierto no es gratuita ni, mucho menos, ingenua.

- Ediciones digitales
Soy la menos indicada para hablar de estas tecnologías en tanto conozco apenas un minúsculo granito de polvo. Desde ese lugar digo: la red es una herramienta poderosa, de acceso universal y, hablando en términos de marketing, podemos decir que es la que mayor campo de distribución del producto ofrece, aunque nada asegura que llegue a nuestro “segmento de lectores” si estos no navegan por FaceBook, Linkedin, Twitter, Del.icio.us y otras, además de suscribirse a blogs de su preferencia. Estimo que Pablo, cuando pueda, podrá dejarnos un comentario más acertado al respecto (¿Me escuchaste, Pablo? ¿O estás escalando los Alpes?) Estimo que un aspecto a considerar es qué textos se eligen para subir a los blogs…

viernes 4 de diciembre de 2009

IntelligentPen


Cuando Carlos me pasó la info acerca de este producto, pensé que sería ideal para Lucas. Él comentó que llena cuadernos con sus textos antes de digitalizarlos. Seguramente no será el único que lo hace. Lo asocié porque acababa de leer su entrada “Mamá” (http://librolocrudo.blogspot.com/) y como mi cabeza es un cambalache de lecturas y pensamientos, relacioné con las cuestiones que salieron en estos últimos intercambios por aquí: editar en papel o en forma digital, las “características” de los lectores, lector/autor como anverso/reverso de una moneda….
“Lo crudo” no se editó aún “por cuestiones…por cuestiones”; esa frase de Lucas me hizo reír por su genialidad vestida de frescura, no por el hecho en sí. Por aquí hay un poema (“PUTA”) que integra el mismo libro, aviso a los nuevos compañeros de ruta en este blog. Está en la entrada “Dos más” o en la anterior.

Hablando de reír, ¿pasaron últimamente por http://vahidos.wordpress.com/ ?

No es cosa fácil el humor. “Humor inst ernst zu nehmen”. Pablo tiene su estilo para hacerlo. Rectifico: Pablo tiene un cristal especial para indagar a través del humor.
Por aquí, entre los compañeros, tenemos a otro humorista a quien debo (por placer, no por obligación) una tranquila visita a su blog.

Nota 1
MagicPen o IntelligentPen: Es una birome común (no la de la imagen, eh!) que se conecta al equipo mediante un puerto usb; mientras vas escribiendo en papel, se va pasando el texto en Word. Cuando Carlos, mi detective privado en chiches informáticos me pase más info, la compartiré

Nota 2
Sí, ya sé que cada escritor posee un cristal especial para indagar en multiplicidad de temas ¿O por qué creen que los sigo?

lunes 30 de noviembre de 2009

DIJE POR AHÍ...


...en uno de esos diálogos que suelen generarse entre compañeros de rutas virtuales :
Es triste que no haya lugares superiores para personas superiores. Como él y como vos. O Manuc.
Muchos escriben...bonito. Pero el compromiso comienza y finaliza en su propio ego (...)
Te digo lo mismo que a un joven, muy joven, poeta colombiano: Por favor, no dejes de escribir. Nunca lo hagas
.


Eduardo Rodríguez es mexicano. Con total generosidad me autorizó a subir aquí sus textos. Elegí el que copio, pensando en inquietudes que me participó Carlos y que podríamos abreviar nombrando sólo una de las vertientes de la literatura: su relación con el orden social.


Una comedia chiquita


El Cielo es generoso conmigo, me regaló tu sonrisa.-*-...

“¡Quieto, cabrón, o sale movida la foto!” – Se oye detrás del felino arrabalero, cuando transito por mi barrio tragando rebanadas de aire y meditando en lo que hace el Viento cuando no sopla...

¡¿Qué pedo...?! – alcanzo a decir, antes de que se me ennegrezca la mirada. Mientras voy cayendo, intuyo, por el sonido, que me atizaron un zape guajolotero entre ceja, oreja y molleja.

¡Carajo, voy a viajar por el Astral! Y mi cordón de plata sigue empeñado...-*


-Como Virgilio continúa ocupado con Dante, parece que designaron a Chava Flores para escoltarme por los diversos círculos del ¿Averno? ¿Purgatorio? ¿Cielo? Adivine usted...

Más bien, parece el Círculo de la Globalización y sus privilegios para todos.

Mientras iniciamos el recorrido, al volver la vista atrás, desde cierta distancia contemplo a mi envoltura o cuerpo físico, derribada boca abajo en una banqueta, mientras un par de “chineros” buscan velozmente en mis bolsillos, extrayendo los cigarros (¡Chín!), la escuálida cartera y dos plumas Bic, que traía.

El buen poeta de barrio me regala un par de alas tipo angelito Made in Taiwán. Parece que hay que volar harto en el Astral.

Abajo hay algo un como hormiguero, pero los movimientos de los individuos no son ni ordenados para el trabajo, ni erráticos como en la exploración o el trabajo fecundo, creador y revolucionario. Más bien, como que parece que están protestando...

¡A chingar a su madre el Gobierno traidor!...

la clase popular vocifera

que para ganar un trozo de tierra,

una hoja de pasto

o un cachito de madera,

con harto esfuerzo

una hormiga cualquiera,se desloma

cual mastuerzo

sin que le toque, siquiera,

una cogidita de favor...

¡Vaya!

Al parecer, la Canasta Básica Fórmica y la clase de los Tortibonos se acaba de enterar que la vida sexual de su especie está reservada para las de ‘La Alta’, léase: La Reina y los Zánganos.

Y da coraje, supongo.

Se nota más movimiento: algunas hormigas bien vestidas con trajes Chanel – nada que ver con Elba Esther – suben al pódium pronunciando voces de conciliación nacional.

¡Hay que tener paciencia,

Inteligencia,

Templanza,

Continencia;

Y que viva en la conciencia

¡Pedir es impertinencia!

…cambiarían la Ley y la Ciencia

La Divina Providencia

nos ha dado la experiencia

que el varón en su imprudencia

nomás quiere la querencia

y nos pone a trabajar.

Poco y malo hay que esperar

de esos flacos malandrines


Vosotras sois cual querubines,

Ángeles y serafines…

Al Cielo iréis a dar…

¡Vírgenes y heroicas!

¡Jamás seáis prosaicas!

Nuestra Señora proveerá!


Desde las alturas, se perciben movimientos en el interior de la masa revolucionaria: algunas lideresas bajan a chingadazos a las pequeñoburguesas emisarias de Su Alteza Serenísima...

¡Ni un paso atrás, camaradas!

¡A luchar con porfía!

¡Que por veinte horas de labor,

y terminar derrengadas,

el salario del honor

- ya que estamos encueradas –

es que nos den por detrás,

cunnilingus

y demás¡

¡Como hace la oligarquía!!


Vuelvo el rostro para preguntar a al Chaviux su opinión sobre las luchas sociales, pero él parece estar más interesado en darle duro a comerse unos taquitos de barbacoa y otros de maciza con cuero, con harta salsa y cebollita, cilantro y pápalo de ribete; generosamente rociados por una ‘Catrina’ de adorado neutle curado de papaya.


“Una postura típicamente marxista – divago – pues la Dictadura del Proletariado pretende apoderarse de los medios de producción, para transformar al Modo de Producción de feudal en socialista: Claro, cuando cada hormiga pueda poner sus propios huevecillos y reproducirse, las clases sociales desaparecerán y con ellas la explotación...

Por no hablar del lúmpen y los estratos parasitarios; si tanto zángano y cortesana se pusieran a trabajar, en lugar -unos- de estar cultivando sus gametos y -otras- de lamerle las patas a la monarquía... ¡Vaya! Una justa y equitativa distribución de las riquezas y la sexualidad.”...

Por los flancos y la retaguardia de la masa protestante, se van acercando hormigas-soldado sin ser notadas: algunas ya se han infiltrado dentro del contingente y sólo son distinguibles por sus mandíbulas aserradas, su tez un poco más oscura, el porte de quien se acaba de quitar el uniforme...

En breve se arman los chingadazos y la estrategia envolvente de la autoridad funciona: Las obreras – desarmadas – van cayendo sin chistar y, al observar que sus lideresas son decapitadas sin previo juicio y sus cuerpos devorados, poco a poco dejan de luchar y se dispersan en desorden.

Luego, Hormigas-Supervisoras entran en funciones de inmediato, para coordinar el retorno de las masas al trabajo fecundo y creador.

Se puede escuchar a las hormigas-reportero comentar la gratitud del pueblo hacia sus gobernantes por su velocidad de acción en contra de...

las que sólo saben confundir,

molestar a las pacíficas,

porque ahora las científicas

- lo acaban de difundir –

encontraron prolíficas

novedades que decir:

- Y que son específicas -

¡Protestar es una ofensa!

porque esta reina intensa

ni un polvito se dispensa

y cuando coge sólo piensa

- ya nos dijo por la prensa -,

en nuestro porvenir

Por venir

y por venirse

ella no ha podido irse

con su viejoPa' Paris.


El viaje astral me arrastra en una vorágine sin fondo... dejo de mirar el drama otoñal de las luchas sociales y pierdo contacto con mi guía, quien, por otra parte, se encaramó en un barco pirata, vestido de filibustero.

Ahora...¿Quién podrá salvarme?

Coyoacán, México. 2009

martes 24 de noviembre de 2009

UN PUNTO QUE NO LLEGAMOS A TOCAR...


Un punto que no llegamos a tocar, pero insinué por ahí, es que en este hilo estamos hablando de lectores/escritores … sin definir el contexto de producción.
¿Coincidimos en que no puede pensarse la literatura separada del resto de las esferas? Comprendo que ustedes, como hacedores de literatura, la vean desde su lugar. Yo la miro e intento comprenderla como manifestación simbólica de sujetos individuales devenidos “entes” sociales. De ahí la entelequia autor/receptor, si quieren.
¿Podríamos hoy pensar sólo en receptores (por no emplear la remanida frase “receptor ideal” a riesgo de distorsionar su sentido originario) para un determinado soporte? ¿No estaremos dejando de explicitar, por obvia, la noción de industria cultural?
Las teorías son eso: teorías; muy cierto. Legitimadas en la medida en que ayudan a arrojar luz sobre ciertas cuestiones, no son verdades absolutas y mucho menos irrefutables (¿habría avances de ser así?). Para lo que estamos hablando aquí, no son ni Bajtin ni Barthes quienes nos ayudarán; salieron a la palestra traídos por ciertas expresiones vertidas en los intercambios que los rescataron de un estante de la “biblioteca incorporada”
En este caso, prefiero a Walter Benjamin con su La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.

Chicos/as & Jovatos/as: cuando hice la entrada anterior, tenía dando vueltas en mi interior la idea de “receptor” que dejan traslucir los medios de comunicación Y/O EDICIÓN variopintos mediante sus estrategias lingüísticas. Me pregunto si eso nos sumirá en la filosofía de la resignación al decidir qué y cómo tenemos que leer.

Les dejo un artículo, por si les sirve:

“Al instalar la noción benjaminiana de “reproducibilidad” de la obra de arte en el centro de una reflexión para comprender el presente, emerge un horizonte de comprensión que nos muestra los abismos de una “mutación antropológica” en la que estamos inmersos. Asistimos, en efecto, a una transformación radical de nuestro “régimen de significación”: El actual desarrollo tecnocientifico, materializado en la convergencia de redes informáticas, de telecomunicaciones y lenguajes audiovisuales ha hecho posible un nuevo nivel de reproducibilidad tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo, a esto hemos llamado: “hiperreproducibilidad”. Esto ha permitido la expansión de una “hiperindustria cultural”, red de flujos planetarios por los cuales circula toda producción simbólica que construye el imaginario de la sociedad global contemporánea.
El nuevo “régimen de significación” se materializa, desde luego, en una economía cultural cuyos centros de producción y distribución se encuentran en el mundo desarrollado, pero cuyas terminales de consumo despliegan su capilaridad por todo el planeta. Al mismo tiempo y junto a esta nueva economía cultural, se está produciendo una soterrada revolución, sin precedentes, un cambio en los “modos de significación”. Un nuevo lenguaje de equivalencia digital absorbe y reconfigura los sistemas de retención terciarios, convirtiéndose en la mnemotecnología del mañana. La “hiperindustrialización de la cultura” no sólo es la nueva arquitectura de los signos sino del espacio tiempo y de cualquier posibilidad de representación y saber.
Los nuevos modos de significación constituyen, en el límite, una nueva experiencia. Se trata, por cierto, de una construcción histórico cultural fundamentada en la percepción sensorial, pero cuyo alcance en los procesos cognitivos y en la constitución del imaginario redundan en un nuevo modo de ser. Las nuevas tecnologías son, de hecho, la condición de posibilidad, de esta experiencia inédita de ser, sea que la llamemos “shock” o “extasis”, y han alterado radicalmente nuestro Lebenswelt. Esta nueva organización de la percepción sólo es comprensible, como nos enseñó Benjamin, en relación a grandes espacios históricos y a sus contextos tecnoeconómicos y políticos.
Este nuevo estadio de la cultura confiere a la obra de arte en la época hipermoderna, y con ella a toda la producción simbólica, la condición de presentificación ontológicamente sustantivada, plena y efímera. La obra de arte se transforma en un “objeto temporal”, flujo hipermedíatico sincronizado con flujos de millones de conciencias. La nueva arquitectura cultural, como esas imágenes de Escher, se nos ofrece como un “presente perpetuo” en que percibimos los relámpagos de las redes y laberintos virtuales. Son las imágenes que nos seducen cotidianamente, aquellas que constituyen nuestra propia memoria y, más radicalmente, nuestra propia subjetividad. Una manera, oblicua e inacabada si se quiere, de evidenciar que la heurística inaugurada por Walter Benjamin es susceptible de lecturas contemporáneas, precisamente, cuando la reproducibilidad técnica ha devenido hiperreproducibilidad digital. “
© TORRE DE BABEL EDICIONES - Autor: Dr. Álvaro Cuadra R.